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Purullena sontiene en la actualidad una de las producciones de alfarería popular "Ceramica Granadina" mas extensa y variada de toda la provincia.
Si bien las alfarerías dan a Granada una personalidad propia, es su cerámica tradicional, de honda raigambre en la cultura de la ciudad, la que le ha otorgado un papel primordial en el conjunto de las cerámicas españolas. La cerámica granadina que se trabaja hoy hereda las técnicas, modelos y ornamentaciones que ya se obraron en la ciudad desde la época Nazarí. Abarcan variedades como la andalusí, la de reflejo metálico, la de cuerda seca o la más propiamente llamada granadina o de Fajalauza.
Si a finales del siglo XV se perdía la cerámica clásica de Granada al derrumbarse el Reino Nazarí, pronto fue asimilada por la nueva población cristiana que le dio un nuevo vigor.
Esta cerámica granadina, también llamada de Fajalauza porque ya en el siglo XVI se fabricaba en la puerta de acceso a Granada así nombrada, se trabaja con arcillas muy depuradas. El torneado manual crea artísticas formas que se llevan a una primera cocción en horno de leña para, posteriormente, proceder al esmaltado. Sobre el blanco de fondo que se logra con óxidos estanníferos, se procede al esmaltado con óxidos de cobalto para los azules y de cobre para los verdes. Pues los verdes y azules son hoy los colores más representativos de esta cerámica, y con ellos se trazan estilizadas líneas que a menudo realzan la silueta de la granada, abundando también pájaros y motivos florales.
Uno de los elementos más significativos de la cerámica granadina era la creación de esmaltes propios en los talleres, realizando cada artesano, con el concurso de molinos de bolas, la trituración de diversos componentes. Se obtenían así tonalidades muy personalizadas que diferenciaban las gamas de color de Granada de las de otras cerámicas. Hoy día este proceso experimenta un retroceso con la consiguiente pérdida de identidad.
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